6 am. Por fin salé el sol.
No puedo dormir. ¿Quién podría dormir sabiendo su marido esta bajo tierra?
Tomo café para apalear y frío, y fumo para apalear los nervios.
Es verdad que había dejado las dos cosas, pero ya van 10 días esperando alguna novedad y nada. ¿Tendrá frío? ¿Tendrá hambre? … y la pregunta principal… ¿Estará vivo aun?
¿Cuantas veces le dije que era peligroso? Pero no, como me iba a hacer caso, si el hace lo quiere… por que lo quiere… porque ama a su familia, y en este momento el mejor trabajo que podía optar era ser minero.
Ya no se que decirle a los niños. Preguntan por el, y les explico, pero no logran concebir en sus cabecitas que tal vez no vean mas a su papá. No quiero asustarlos, pero temo lo peor. Por suerte ha llegado mucha gente a acompañarnos. Es bueno sentir algo de apoyo, por lo menos así los niños se entretienen, y yo puedo concentrarme en mi paciente espera que me desespera.
Los nervios me comen viva, la ansiedad me esta matando, yo que quiero tener todo para ayer, me desespera esperar. No veo el momento en que lo saquen de ese infierno que debe estar pasando.
Virgencita regálame un milagro en tu día, y protégelo con tu manto. Tu sabes que el no confía ya en nada, pero no es su culpa, es culpa de la vida que lo ha tratado mal.
Tráemelo sanito de vuelta casa… te lo ruego!
Basado en la historia "La Virgen de la Candelaria" recuperado Domingo 15 de agosto
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